El vaso a medias

“¡Qué ganas de ver el punto negro de la hoja!”… Esa es una frase que a veces me descubro diciendo en mi mente cuando observo la negatividad de algunas personas. Sin embargo, cuando me doy cuenta, yo misma estoy viendo el punto negro. Criticar, centrarse en lo negativo, en lo que va mal, en lo que falta, es ver el vaso medio vacío. Y cierto es que todo se puede ver desde, al menos, dos enfoques. Este vaso también puede verse medio lleno. Todo depende nuestro enfoque.

Centrarnos en lo negativo, lo que aparentemente puede ir en nuestra contra, es una reacción automática muy natural en los seres humanos. Desde una perspectiva evolutiva, estar alertas para detectar el peligro nos ayudó a sobrevivir en tiempos en que el ser humano era muy vulnerable a su entorno. Más le valía estar alerta y listo para reaccionar si deseaba salvar el pellejo, ya sea por un depredador o bien por las inclemencias del tiempo.

Así, podemos entender que la tendencia a “ver” lo negativo está bien cableada en los circuitos de nuestros cerebros, como parte de nuestra naturaleza y supervivencia. Sin embargo, ya no vivimos en la época de las cavernas y hoy por hoy reaccionamos en automático ante “situaciones” que sólo existen en nuestras mentes. Si no somos conscientes, podemos ir por la vida tomando decisiones y acciones precipitadas que terminan por dañarnos a nosotros o a los que amamos.

Cambiar el enfoque requiere actuar

Al paso de la vida, he podido darme cuenta de que cambiar ese chip de reactividad no le viene natural a muchas personas, sin embargo, estoy convencida de que a base de práctica y de una intención renovada día con día, podemos aprender a ser más positivos. Todo depende de nuestro enfoque.

Y me atrevo a decir que entre más pronto, mejor. Así como con cualquier otra habilidad. Mientras más temprano en la vida el artista o el atleta practiquen su habilidad, más pronto conseguirán ser maestros en ese arte o actividad.

Con la mente pasa lo mismo. Entrenarla requiere disciplina y una férrea voluntad que se cultiva diariamente, sin excusas. Sin embargo, nunca es tarde para empezar. Elegir ver la vida en positivo está al alcance de todo aquél que desee.

¿Qué se necesita para ver el vaso medio lleno? Me he hecho esta pregunta muchas veces y me la han hecho también mis pacientes. Y una respuesta que viene a mi mente es: cultivar la gratitud. Cuando somos capaces de voltear a ver nuestras vidas, deliberadamente buscando algo porqué agradecer, cambiamos el enfoque. Se tendría que ser una persona empedernidamente negativa como para no ver qué cosas en su vida vale la pena agradecer.

Cuando decidimos enfocarnos en lo que sí vale la pena, lo que sí va bien, seguramente descubriremos muchos motivos para agradecer. Y donde hay gratitud surge el amor y el lente se aclara, la óptica cambia y el día se vuelve más soleado.

Si eres una persona con tendencia a la depresión, a criticar, a ver lo que va mal en ti, en los demás o en lo que pasa a tu alrededor, te invito a experimentar cambiando tus lentes. Ponte las gafas de la gratitud. Recuerda que todo depende de nuestro enfoque.

Date la oportunidad de ver todo aquello en tu vida que merece apreciación, como el hecho de estar vivo, el amor de tu gente, la luz del sol, el aire que respiras y sostiene tu vida, las cosas bonitas a tu alrededor. Enfocándote en todos esos motivos para agradecer y sonreír, tal vez puedas ver que el vaso está medio lleno.

Si encontrar lo positivo te cuesta mucho trabajo, tal vez sea tiempo de buscar ayuda. A veces necesitamos un profesional que nos acompañe en nuestro proceso y nos preste unas gafas nuevas. Sin embargo, al final del día, a nosotros nos toca ponérnoslas y ver a través de ellas. Cambiar requiere de nuestro actuar. De nosotros y de nadie más depende cómo vemos el vaso.


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Claudia Vega

Pediatra, nutricionista y psicoterapeuta

Ya sea en consulta, o a través de mis cursos y talleres, ayudo a las personas a auto-conocerse, tomar decisiones responsables y  conscientes, para vivir sanos, plenos y felices.

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