Los que tenemos o hemos tenido hijos en edad de crianza y formación, seguramente sabemos lo que es una rabieta y las emociones que nos causan a los papás. Y no solo pasa en los primeros años, también hacen berrinche los adolescentes ¡y hasta nosotros los adultos! Y aunque mucho se ha escrito en contra de los castigos, siendo muy honestos, los padres seguimos cayendo en esta medida disciplinaria. ¿Te suena familiar? Pero hay 7 razones para desaconsejar los castigos que puedes leer en este artículo. Entonces, si los castigos no son la mejor opción, entonces ¿qué? Lee este guía paso a paso para lograr una disciplina sin castigos.

Estoy convencida de que los castigos pueden evitarse si nos anticipamos con algunas estrategias importantes para formar a nuestros hijos. Habitualmente recurrimos al castigo en medio de la emoción, cuando estamos enojados ante las conductas de nuestros hijos. Y no quiere decir que no haya motivo para enojarnos, pero si lo que estamos buscando en formar a nuestros hijos con determinados valores y costumbres, hagamos lo que realmente funciona. Mira esta guía de 8 pasos para una disciplina sin castigos.

Guía paso a paso para una disciplina sin castigos

  1. Respira. Cuando respiramos conscientemente y nos permitimos serenarnos, podemos ver las cosas desde otra óptica. Con más calma podemos investigar y explorar mejor la situación: ¿Por qué el niño hizo tal cosa? ¿Qué estaba sintiendo? ¿Hay algo que necesita? ¿Qué está debajo de su conducta? ¿Está requiriendo atención? Cuando tu hijo haga o diga algo que te estresa prueba haciendo una pausa para respirar, para prevenir o interrumpir esas acciones impulsivas que surgen cuando estamos agitados por una emoción. Date la oportunidad de observar todo lo que está pasando en tu mente, en tus emociones y en la situación y nota qué descubres. A esto le llamamos respiración consciente. Si es necesario y posible, sal de la habitación donde está el niño y toma aire conscientemente. Al final, el adulto eres tú y se espera mayor autocontrol de ti que del niño. Lograr una disciplina sin castigos refleja tu madurez.
  1. Enséñalo a respirar. Y quizá te preguntes ¿cómo que lo enseñe a respirar si mi hijo/a ya sabe hacerlo? Cierto, afortunadamente no depende de nosotros la respiración, porque si así fuera correríamos el riesgo de que se nos olvidara. A lo que me refiero es a que ya que tú hayas experimentado la respiración consciente, enseñala a tus hijos. Y la mejor forma de enseñarles será que lo modeles. Si tu hijo ve que paras en el medio del caos para respirar y te regulas y no llegas a los gritos, le habrás enseñado el poder casi mágico de la respiración. Y finalmente, pueden intentar hacerlo juntos.
  1. Define y comunícale lo que esperas de él/ella. Es común que creamos que porque nosotros sabemos lo que queremos inculcar en nuestros hijos ellos deban saberlo también. O quizá decimos, “ya le he dicho lo que esperamos, lo que queremos ver en él”… Y yo pregunto: ¿Y te aseguraste de que te entendió? Verifica, déjale claro y asegúrate de que ambas partes saben lo que se espera.
  1. Determina las consecuencias. Es importante que el niño sepa qué esperar. Las consecuencias pueden ser naturales o establecidas por los padres en relación con una conducta del niño. Las consecuencias que los padres determinamos son pérdida de privilegios. Entendamos esto de los privilegios.

Como papás tenemos obligaciones hacia nuestros hijos: vestirlos, calzarlos, alimentarles, darles un techo, ofrecerles esparcimiento y procurar su salud fíisca y emocional y su bienestar integral, mediante el cuidado y el amor. Sin embargo, cubiertas nuestras obligaciones, mucho de lo que damos a nuestros hijos son realmente privilegios. Como padre tienes la obligación de vestirlo, pero no de comprarle ropa de marca, ni 5 pares de zapatos finos. Como madre tienes la obligación de procurar que el niño tenga entretenimiento, pero comprarle una consola, vente videojuegos, una computadora de última generación, o que atienda todas las fiestas de sus amigos, son privilegios. Y los privilegios se dan por amor o porque el niño se los ha ganado. Esto último es importante a la hora de las consecuencias.

Ejemplos de consecuencias y pérdida de privilegios.

CONSECUENCIAS NATURALES

  • Brincar en el sillón con mucha energía puede ocasionar que te caigas.
  • Si peleas con tus compañeros puede que después no quieran jugar contigo.

CONSECUENCIAS IMPUESTAS (pérdida de privilegios)

  • Si lastimas a propósito a tu hermano, no podrás entrar al cuarto de juegos hasta que cambies esa conducta.
  • Si vuelves a llegar después de la hora establecida, no habrá permisos en un mes.

Los padres han de definir los valores y las conductas esperadas en casa, es decir, las pautas que desean para su familia y comunicarlas a sus hijos. No es lo mismo que el niño viva una consecuencia a que sea castigado.

  1. Comunica las consecuencias y dale responsabilidad. Determinadas las consecuencias, lo que toca es asegurarnos de que el niño sepa lo que pasará si incumple y verificar que lo ha entendido. Cuando explicamos las consecuencias estamos otorgando parte de la responsabilidad al niño. Piénsalo así, ¿por qué te detienes en el semáforo en rojo cuando hay un oficial de tránsito? En teoría nos debemos de detener siempre, pero seguro que si está la autoridad presente lo hacemos sí o sí. O bien, ¿por qué evitas comer algo que huele mal? Claro, porque sabes las consecuencias de hacer lo contrario. Estoy segura de que los más interesados en tener una disciplina sin castigos serán tus propios hijos.

Si comunicas las consecuencias antes, el niño tendrá tiempo para reflexionar y entender porqué se le aplicaron si ha incumplido, evitándole motivos para pensar que se trata de una injusticia.

  1. Utiliza consecuencias proporcionales a la situación. A veces en el calor de la emoción, imponemos consecuencias o castigos desproporcionados o que no tienen nada que ver con la conducta del niño. Con ello generamos confusión y un sentimiento de injusticia. En lugar de que el método correctivo motive al cambio, puede generar resentimiento. Ejemplo: el niño no se comió los vegetales… ¡Y le castigan el futbol! ¿No sería más efectivo decirle que se espera que coma más sano y si no come vegetales entonces no habrá chucherías en la tarde?
  1. En lugar de sermones, usa preguntas. Dependiendo de la edad será la capacidad que el niño tenga para reflexionar y comunicarte su entendimiento de las cosas. Sin embargo, desde muy temprana edad podemos hacer preguntas adecuadas para su edad, que lo lleven a pensar. A veces, se nos va en sermonear y regañar. ¿Y si utilizáramos la situación como una oportunidad de parendizaje? Ayúdale a entender por qué aquello que dijo o hizo no es adecuado o correcto, cuáles son las consecuencias de determinado acto. Invítale a que te diga por qué el pudiera creer que es importante cambiar esa conducta.
  1. Cambia el tiempo fuera por tiempo dentro. Y cierro con mi favorita de todas: tiempo dentro. En lugar de mandarle al rincón a pensar, que pasaría si lo incluyes en tu estrategia para regularte emocionalmente. Ya sea que lo invites a primero que nada hacer una pausa y contar calmadamente o a respirar en silencio e ir notando cómo esto se siente en su cuerpo. Tiempo dentro, es incluirlo, es hacerlo parte de la solución, es dejarle saber que no importa el error, el amor es incondicional. Tiempo dentro, es tiempo juntos, de reflexión y aprendizaje.

Finalmente, cada uno en su casa y en su familia escoge la forma de educar. Hay mucha información publicada sobre las mejores prácticas para disciplinar. Yo simplemente te invito a que reflexiones en lo que te comparto. Si los castigos no te han funcionado y generan tensión en ti y en la relación con hijos, quizá es tiempo de probar otra alternativa. ¡Quizá es tiempo de intentar una disciplina sin castigos! ¿Necesitas más razones? Toma de todo lo anterior solo que te sirva, ponlo en práctica, experimenta y ve qué descubres. Me encantará leer tus reflexiones.


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Claudia Vega

Pediatra, nutricionista y psicoterapeuta

Ya sea en consulta, o a través de mis cursos y talleres, ayudo a las personas a auto-conocerse, tomar decisiones responsables y  conscientes, para vivir sanos, plenos y felices.

5 comentarios en “Disciplina sin castigos”

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