En un mundo de filtros y escaparates

Estos últimos días he estado meditativa y reflexiva. Observando un mundo frente a mis ojos que parece no tener pies ni cabeza. O mejor dicho, entre filtros y escaparates, me cuesta trabajo distinguir cuáles son los pies y cuál la cabeza. A veces no sé qué es mejor ¿ver o no ver?

Pertenezco a la llamada generación “X”. Fuimos los niños que crecimos cuando muchos de los cambios tecnológicos con los que ahora vivimos cotidianamente se iban gestando. Somos los hijos de las mamás que cambiaron la leche materna y los pañales de tela por la fórmula y los desechables. Crecimos viendo unos cuantos canales en la televisión y nos tocó conocer las parabólicas, las videocaseteras y la televisión por cable. Somos los primeros consumidores de los celulares y del internet. Y, a decir verdad, sabíamos ser felices con menos.

Ahora, que somos adultos en nuestros 40’s y 50’s, vemos a veces con sorpresa y otras con temor, los cambios conductuales radicales entre los más jóvenes. Podemos ver la realidad a la que nuestros hijos están expuestos. Una realidad que a veces parece distorsionada. Me atrevo a decir que para muchos de nosotros surge la duda de si los avances tecnológicos juegan a nuestro favor, o tal vez también en nuestra contra. Y tal vez sean ambas cosas.

Filtros y escaparates

Me genera desesperanza el darme cuenta de lo que está pasando en el mundo, en la pequeña y en la gran escala. Recientemente vi en Netflix el documental “El dilema de las redes sociales” y me puso a pensar mucho. Consciente de la masiva información a la que estamos expuestos, es preocupante la forma en como somos manipulados y ni cuenta nos damos. Es de ciegos no querer ver, o bien ver, pero ignorar los problemas sociales en los distintos rincones del mundo. Violencia, enfrentamientos e intolerancia a nivel social y una desmedida ambición, destrucción e indiferencia de quienes nos gobiernan. Y ni qué decir de la forma cómo hemos destruido y seguimos destruyendo nuestro planeta.

Y mientras el mundo pareciera desfragmentado, vivimos realidades alteradas. Jóvenes y adultos que parecen vivir una realidad alterna, interpretada a través de los filtros y escaparates de un vida volcada hacia fuera, tal como en las redes sociales. Una vida en la que tiene más peso el parecer que el mismo ser. ¿Son realmente felices nuestros jóvenes? A veces parecen vivir en una paradoja de sonrisas falsas y profundos vacíos y tristezas. Y, a veces, los mismos padres lo fomentamos.

Aparentar en lugar de ser

En estos tiempos, el individualismo, la necedad, el egoísmo y el protagonismo parecieran haber tomado la escena. Se han normalizado. Para muchos jóvenes hoy en día, tienen más peso la fama, la influencia, la aceptación social en las redes, que llevar una vida que fomente el crecimiento personal y el bienestar común. A eso me refiero cuando digo que vivimos una vida de filtros y escaparates. ¿Qué ha pasado con el ser humano que parece no ver? O que si ve, ignora.

Una cosa me queda clara: existe un malestar social que no respeta fronteras. Todos los días vemos noticias de violencia, desigualdad social e indiferencia. ¿Es normal que importe más el poder y el dinero que la vida misma? ¿Es normal que la vía para resolver los desacuerdos sean los enfrentamientos? ¿O es que el ser humano tiende a la violencia, al egoísmo, al ensimismamiento y a la destrucción?

Quizá sea ingenuidad, pero en verdad prefiero creer que no es así. En lugar de eso, quiero creer que nos hemos desconectado, que estamos confundidos, que hemos perdido el rumbo y la dirección. Vamos en automático, guiados por una escala de valores que prioriza el tener, el consumir, el acumular, el aparentar por encima del ser y el vivir en armonía y en comunidad. Y pienso que esto es acentuado por una manipulación de la información que nos conduce en ese sentido: consumir más, siempre más. Necesitamos tomar conciencia.

Despertar y reconstrucción

¿Qué pasaría si nos atreviésemos a ver buscando nuestras coincidencias? ¿Y si fuésemos capaces de ver más allá de nuestras ideologías? Tal vez es romántico e idealista, pero necesitamos encontrar los puntos en común y las soluciones que nos permitan sanar como sociedad en todos los niveles. Si de verdad queremos crecer como seres humanos, necesitamos dejar de vivir vidas de escaparate y cambiar los filtros de las redes sociales por los lentes de la conciencia y la vida real.

Pandemia o no, a los seres humanos nos toca regresar a la base, a nuestra esencia, a volver a ver. Nos toca dejar de comportarnos como los ciegos de la parábola de elefante e intentar ver una realidad más amplia, abrir los horizontes del pensamiento para poder encontrar la verdad y desde ese lugar reconstruirnos como sociedad. De lo contrario, seguiremos siendo fácilmente manipulados.

Y lo digo así, porque no podemos continuar con tanta ignorancia e indiferencia. Mientras sigamos ciegos, divididos, egoístas y distraídos seguiremos caminando a la autodestrucción como raza y a la del planeta que nos sostiene. Es tiempo ya de volver a ver con los ojos atentos, la mente abierta y el corazón dispuesto, unidos como seres humanos. Es tiempo ya de despertar.


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Claudia Vega

Mamá, pediatra y psicoterapeuta

Acompañante de personas en crecimiento que desean vivir sanas, plenas y felices.

2 comentarios en “En un mundo de filtros y escaparates”

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