Los tiempos cambian…

¿Alguna vez te ha cruzado por la mente que las nuevas generaciones tienen una educación muy distinta a la que tú tuviste? A mi sí, cientos de veces. Y esto es entendible, porque los tiempos cambian y las formas también. Y como padres necesitamos adaptarnos y evolucionar para disciplinar con amor y efectividad.

Con el peligro de sonar anticuada, me atrevo a decir que la forma en como nos criaron a los que ahora somos padres de niños y adolescentes es muy diferente a como lo estamos haciendo con nuestros hijos. Y aunque los tiempos cambian, hay cosas que permanecen, como el hecho de que los padres siguen siendo los padres y su rol es criar y formar a sus hijos de acuerdo a los valores de ese núcleo familiar.

¿La autoridad en duda?

Una de las cosas que me toca observar en mi trabajo con familias es una cierta confusión en los padres en torno a su autoridad y su rol en la crianza de sus hijos. Percibo falta de claridad en torno a cómo disciplinarlos, cómo poner límites y cómo inculcarles los valores que desean ver en ellos.

En nuestros tiempos de niños bastaba una mirada para entender lo que papá o mamá querían decirnos. Un gesto era suficiente para saber que debíamos guardar silencio u obedecer. Esto se ha perdido en muchas familias. Vemos padres que como pelota de ping-pong van de un extremo a otro: el autoritarismo y la permisividad. En esa polaridad y confusión, tenemos padres que no saben ejercer su autoridad e hijos que crecen sin límites.

adaptarnos sin dejar de ser padres

La evolución humana es inevitable y no es algo malo. Es lo que es, solo necesitamos adaptarnos. Sin embargo, tenemos que ser conscientes de cuáles son los factores que dificultan la crianza, entenderlos, para así poder modificarlos y llevar una relación con nuestros hijos en sintonía con los valores que deseamos para nuestra familia. La crianza en la actualidad necesita ser consciente y efectiva. Hoy más que nunca tenemos que ser padres que sepan como disciplinar con amor.

Factores que dificultan la crianza

Poca convivencia

Muchos padres y madres trabajan fuera de casa. Anteriormente uno de los padres, generalmente la mamá, estaba en el hogar la mayor parte del tiempo. Esto le permitía tener una convivencia más cercana con sus hijos, ejercer en ellos mayor influencia, detectar dificultades y corregirlas. Con la salida de la madre del hogar hacia el trabajo esta presencia ha disminuido y muchos hijos pasan horas y horas lejos de sus padres y de la autoridad que ellos ejercen.

Tomar esto en cuenta nos puede ayudar para revisar cómo está siendo nuestra relación con nuestros hijos. ¿Necesitamos hacer un alto y revisar que tal es nuestra convivencia? Tal vez sea momento de poner en nuestra apretada agenda un tiempo para estar con nuestros hijos, para conocerlos más de cerca y estrechar los lazos afectivos. No podemos pretender que nuestros hijos solo nos obedezcan porque sí, si detrás de ello no hay una relación sólida de respeto y amor.

Ausencia y culpa

Las madres que trabajamos fuera del hogar sentimos una cierta culpa por nuestra ausencia. Esa emoción es un puntapié a la hora de poner límites. Lo último que quiere una madre que se considera ausente es ser la “ogra” de la película. Lo que no vemos es de que a la larga esa incapacidad para disciplinar a nuestros hijos genera otros problemas y más culpa.

Si somos padres o madres que trabajamos fuera del hogar no tenemos porqué sentirnos culpables. En cambio, lo que habría que hacer es que cuando estemos en casa, realmente estemos presentes, atentos y dispuestos a convivir. Es de esta manera que surgen los lazos sólidos que nos permiten ejercer la autoridad que como padres tenemos. Poner límites es parte de nuestro rol como guías y formadores de nuestros hijos.

Mundos apartes

La tecnología es fantástica, pero con el uso de los electrónicos, pareciera que dentro de un mismo hogar cada quien tuviera su propio mundo. Padres e hijos conectados a sus celulares. Esto no solo disminuye la convivencia, sino que entorpece la comunicación en la familia y dificulta el ejercicio de autoridad de los padres.

La tecnología no retrocederá, por el contrario seguirá avanzando día con día. También a esto nos tenemos que adaptar. Sin embargo, ser conscientes de cómo tendemos a conectarnos a nuestros dispositivos y a desconectarnos del mundo alrededor nos puede ayudar a intencionadamente regresar a lo que realmente importa: nuestras relaciones con los que amamos. Y al hacer esto, además, modelamos a nuestros hijos la importancia de la cercanía y de la vida real, fuera de las redes.

Exceso de información = Confusión

Si el simple hecho de ser padres es es sí mismo un reto, cuando tenemos un exceso de fuentes de información que nos dicen como debería de ser la crianza, el resultado es mayor confusión y temor a hacerlo mal. Si bien es verdad que la emocionalidad de nuestros hijos es muy importante, tenemos que estar claros en un punto: los límites son necesarios, aunque a ellos no les gusten.

No debemos confundirnos, ser buenos padres no significa que tenemos que estar en el top ten de popularidad de nuestros hijos. Muchas de las cosas que como padres hacemos no serán del agrado de nuestros hijos y no por eso las vamos a evitar. Si a tu adolescente le pones hora de llegada a casa y a él le molesta, sería un error que por su reacción emocional tu le permitas que llegue a la hora que le plazca, por poner un ejemplo.

Comunicación inefectiva

Este es uno de los factores que más afecta a cualquier relación humana, la pobre comunicación. A veces creemos que hablar es lo mismo que comunicar y no es así. La comunicación es un acto vivo y dinámico que nos permite conectar y entender al otro. Una comunicación efectiva requiere de escuchar atentamente y de expresar con respeto y honestidad. Esto acerca a las personas aún si no están de acuerdo.

En la familia, la comunicación es central para que puedan generarse vínculos estrechos. Y a la hora de poner límites, si no sabemos comunicar, es muy fácil que surjan conflictos y tensiones. Por eso es muy importante desarrollar la habilidad de comunicar asertiva y efectivamente. Mira este artículo sobre como poner límites.

La Familia es una gran oportunidad

Cuando se dice que la familia es el núcleo de la sociedad, es porque realmente lo es. Piénsalo y verás, la familia es la plataforma en donde los hijos aprenden las habilidades para funcionar en el mundo. Desde aprender a negociar con los hermanos, como a sobrepasar frustraciones con los padres, el hogar es el espacio en donde nuestros hijos están ensayando para convivir en un entorno más grande: la sociedad.

Si en casa los hijos no aprenden a convivir con los límites, afuera les será mucho más difícil. Si en casa no adquieren los valores que son importantes para ti, el mundo les dará otros muy distintos. Por ese motivo, criar con límites es necesario.

A veces confundimos el término y creemos que la disciplina es imposición o violencia y no es así. Se puede educar a los hijos con límites y con valores en un marco de armonía y amor. Y a eso le llamamos disciplina. Te invito a leer este artículo para lograr una disciplina sin castigos.

Los tiempos han cambiado y las formas también, es cierto e inevitable. Pero de cada padre y cada madre, en sus hogares, dependerá el rumbo que quieran mostrar a sus hijos. Disciplinar con amor es cien por ciento factible. Te doy 5 tips a continuación para que puedas lograrlo.

5 tips para disciplinar con amor

  1. Conoce a tus hijos. Esto implica que te des a la tarea de observarlo, sin juicios, con la intención de comprenderlo, saber lo que necesita, lo que le angustia. Conoce su mundo, sé parte de él.
  2. Convive con ellos. La convivencia estrecha los lazos en la familia y cuando se hace con respeto nutre la autoridad que los padres necesitan ejercer para disciplinar con amor y efectividad. Ser padres es también estar con ellos y divertirnos juntos.
  3. Ten claros tus valores. Disciplinar con amor es hacerlo en el marco de los valores que son importantes para cada familia. ¿Cuáles son los valores que quieres ver en tus hijos?
  4. Evita castigos, usa consecuencias. Dejemos la idea equivocada de que disciplina es igual a castigo, a imposición. Disciplinar significa enseñar y podemos enseñar perfectamente sin castigos. Te invito a leer este artículo: disciplina sin castigos.
  5. Amor y más amor. Manifiéstale amor. Los hijos se nutren con él. No todo es poner reglas o impulsar logros. Darles cariño y presencia es indispensable en la relación con nuestros hijos. Y si no eres cariñosa/o, te invito a leer el libro los 5 lenguajes del amor para los niños, te resultará interesante.

La crianza como ancla

Estoy convencida de que la labor de crianza puede transformar el mundo. Hoy más que nunca es indispensable que seamos ese contrapeso que nuestros hijos necesitan en medio de un mundo que va acelerado de forma vertiginosa, donde muchas fuerzas como la información, la tecnología, las redes y la propia sociedad influyen en ellos todo el tiempo. Los valores, la disciplina y el amor que en casa proveamos, serán las anclas para que ellos puedan mantenerse a flote ante cualquier adversidad.

Y dime tú: ¿Crees que poner límites es importante? Y si es así, ¿crees que se puede hacer con amor y sin culpa? ¿Qué opinas?


Si te Ha gustado este post, compártelo en tus redes:

Claudia Vega

Mamá, pediatra y psicoterapeuta

Acompañante de personas en crecimiento que desean vivir sanas, plenas y felices.

Dejar un comentario

Scroll to Top