7 razones para desaconsejar los castigos

Puedes hacer una búsqueda exhaustiva en Google sobre si castigar es bueno o malo, si funciona o no. Y te vas a encontrar tantas respuestas como posturas hay al respecto. Yo te lo pongo así: si tú cometieras un “error” (y entrecomillas porque mucho de lo que los niños hacen es parte de su proceso de desarrollo) ¿te gustaría que la forma de aleccionarte fuera gritándote, dándote una nalgada o poniéndote en un rincón? Lo más seguro es que no. A continuación te comparto 7 razones para desaconsejar los castigos y que no formen parte de tus medidas disciplinarias. Y si acaso tuvieras que recurrir a ellos sepas hacerlo de forma que no afecten la integridad ni física, ni emocional, de tus hijos.

1. Hay otras alternativas

Si de corregir o educar se trata, hay muchas cosas que podemos intentar antes que un castigo. Aunque a veces creamos que los niños no entienden, te sorprendería todo lo que captan a través de su percepción. Si te permites observar y comunicarte asertivamente con tus hijos, te darás cuenta de que son capaces de comprender más de lo que imaginas.

2. Cuidar su integridad

Todo lo que atente en contra de la integridad física o emocional de un niño, es indeseable. Y lo habríamos de replantear. Muchos de los conflictos emocionales de la edad adulta tienen un origen en una herida de infancia. Podemos tomar la posturas de “a mí me daban nalgadas y no me pasó nada”, o tomar conciencia de que nuestras acciones pueden impactar el bienestar de los niños. Además, conozco a muchos que dicen que no les pasó nada, pero no viven ni sanos ni felices.

3. Al largo plazo no funcionan

Además de ser perjudiciales, no tienen beneficio sostenido. Puede ser que un niño deje de hacer algo por miedo a la represalia, pero si no entiende el porqué de las cosas, ni logra comprender lo que se espera de él, lo más seguro es que repita la acción o surja otra similar.

4. El miedo no es la respuesta

Los castigos pueden generar miedo. Los castigos severos, los gritos intensos, las ofensas, las nalgadas que muchos padres usan creyendo que con eso corrigen a sus hijos provoca un efecto de miedo e injusticia. El miedo no invita a la reflexión ni a la modificación de la conducta. Puede generar resentimiento y pensamientos de injusticia. Por miedo, los niños tienden a esconder lo que hacen o mentir para no ser reprendidos. Así, en lugar de “aprender y mejorar”, puede ser que la siguiente vez busquen salirse con la suya sin ser descubiertos. Cuando un niño cae en este tipo de conductas, como mentir o evadir, la relación tendrá una brecha y será más difícil ayudarle a cambiar.

5. Excluir no invita a reflexionar

Excluirlos puede generar todo menos reflexión. ¿Un tiempo fuera es mejor que una nalgada? Por benigno que pueda parecer el famoso “tiempo fuera” (pedirle al niño que se vaya a su cuarto, o un lugar para “pensar en silencio” hasta que se calme) cuando ha hecho algo mal es una forma de exclusión. Físicamente eso es mejor que violentarlo con un golpe, pero y ¿psicológicamente?

Una cosa es el mensaje que intentamos enviar y otra el que ellos reciben e interpretan. Si creemos que durante el tiempo fuera el niño está reflexionando y pensando cómo mejorar, mejor no asumamos. Lo que muchos niños piensan en esos momentos es que no son amados. El mensaje inconsciente puede ser “cuando no te comportas como esperamos, no eres amado”. Y a veces ni siquiera les queda claro por qué fueron mandados al rincón. Lo que para los padres es conducta “negativa” puede no serlo para el niño. Si lo mandamos al rincón en pleno llanto es probable que haga todo menos reflexionar. ¿Lo habías pensado?

6. Cuidado con la incongruencia

El ejemplo arrastra. Mediante los castigos estamos enseñando que esa forma está bien. Por amorosa que sea la intención de corregir de esta manera, pregúntate lo que el niño siente y eso es lo que se le quedará registrado. Luego decimos a los niños “no grites” siendo que nosotros somos los que les enseñamos. Seamos congruentes.

7. En la armonía se aprende mejor

El aprendizaje es un proceso y se facilita en un ambiente armonioso. Los niños aprenden en un ambiente de armonía, juego, alegría. Si quieres que tu hijo aprenda a comportarse, fomenta las actitudes que deseas fortalecer de una manera en que se sienta motivado a aprender.

Por razones para desaconsejarlos no pararía, pero creo que con estas seis, se entiende la idea, los castigos no son la mejor opción. Ni siquiera deberían de serlo. Tal vez pienses, pero hay de castigos a castigos. Y tendrías razón en pensar así. No todos los castigos son físicos, ni todos los castigos causan daño psicológico, pero tendrías que estar muy seguro de esto antes de aplicarlo con la conciencia tranquila.

¿Qué hacer en lugar de castigar?

Estas 7 razones para desaconsejar los castigos nos dejan en claro la necesidad de buscar otras alternativas. Lo más importante por donde yo empezaría sería por invitarte a reflexionar cuáles son los valores por los que tú y tu pareja desean se rija la dinámica de su familia. Es decir, ¿qué es lo que intentan transmitir a sus hijos? ¿Qué valores buscan ver en ellos? ¿Qué pautas de conducta son deseables, cuáles no y cuáles son inadmisibles? Además de eso, hay que reflexionar en nuestras expectativas y determinar si son adecuadas a la fase de desarrollo de nuestros hijos. Me ha tocado ver en consulta padres de familia que castigan severamente cuando niños de 4 o 5 años no siguen todas las instrucciones que ellos esperan.

Cuando los padres saben qué desean de sus hijos y analizan si lo que esperan es realista tienen mayor claridad para establecer límites y consecuencias de una manera amorosa, que evita el llegar al castigo. En este artículo te comparto una guía paso a paso para disciplinar sin castigos.

El castigo como último recurso

En lo personal, pienso que el castigo habría de ser el último recurso. Y de ninguna manera ha de afectar la integridad física y emocional de nuestros hijos. Si a pesar de las 7 razones para desaconsejar los castigos que te compartí arriba, sigues pensando que castigar es una alternativa, toma en cuenta lo siguiente. Un castigo sería privar a un hijo de un privilegio de mayores dimensiones. Aplicarlos cuando la falta haya sido realmente importante, una conducta que va en contra completamente de los valores de la familia y que es por su naturaleza inadmisible.

Esto va a variar en cada familia, pero pongo un ejemplo. Si en el interior de una familia mentir, faltar a la verdad, o ser deshonesto son acciones inadmisible y descubren que el hijo ha robado y ha mentido, entonces esto puede admitir un castigo. A diferencia de una consecuencia por una falta menor, en el caso de una falta grave la pérdida de privilegio será mayor. En este ejemplo quizá el castigo amerite que el chico no irá a fiestas por un tiempo determinado, pero además tendrá que pagar por lo que robó y disculparse con la persona afectada.

Cada familia sabe cuáles son sus valores y elige cómo educar a sus hijos. El mensaje de este artículo es el de reflexionar e indicar que efectivamente existen estrategias y alternativas a los castigos, que contemplan la integridad de los hijos y les invitan a la responsabilidad, la comunicación y la búsqueda de soluciones. Si quieres saber cómo lograr una disciplina sin castigos, no olvides leer esta guía paso a paso.


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Claudia Vega

Pediatra, nutricionista y psicoterapeuta

Ya sea en consulta, o a través de mis cursos y talleres, ayudo a las personas a auto-conocerse, tomar decisiones responsables y  conscientes, para vivir sanos, plenos y felices.

3 comentarios en “7 razones para desaconsejar los castigos”

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